Me gusta pensar que soy una especie de profesional en lo que respecta a volar con niños. Antes de que mi hija tuviera dos años ya habíamos volado 17 veces. Así que cuando nació mi segundo hijo, pensé ¿Qué tan difícil puede ser un viaje con niños?
El viaje empezó bien. Le cargué al iPad los shows de televisión favoritos de mi hija y los juegos que le gustan. Ella se portó muy bien y mi hijo estuvo dormido durante casi todo el proceso del aeropuerto paseando en su coche. Pero las cosas empezaron a ir mal tan pronto estuvimos en el aire.
Fue una pesadilla. Pero aprendí tres cosas de esta experiencia.
1. Volar sin escalas. Contra todo lo que me indicaba mi instinto y mi juicio compré un vuelo con escala. El precio era mejor y mi mamá sugirió que sería mejor para mi hija estirar sus piernas en la mitad del vuelo. Antes de este todos nuestros vuelos fueron siempre sin escala y francamente asi serán siempre. Confíen en mi haganlo así.
Estabamos a 10 minutos de aterrizar y nos habló el capitán, nos atrasaríamos 45 minutos. Luego nos volvió a hablar, tendríamos que seguir esperando para aterrizar porque el tiempo estaba malo. Luego nos habló otra vez, nos habían desviado a otra ciudad para cargar combustible.
Mis hijos estaban aún portándose bien. Mi hijo de 5 meses tomaba papa cada vez que despertaba, y mi hija se había dado cuenta que el avión tenía baño y por supuesto ya había tenido que usarlo dos veces.
Aterrizamos, pero no habían puertas para desembarcar disponibles así que tuvimos que esperar en el avión. Desistí de intentar contener a mi hija en su silla, la dejé que fuera amistosa con los pasajeros de los aldos. Jugó a las escondidas con la guagua del asiento de atrás, y les cantó a los del asiento de al frente. Le cambié el pañal a mi hijo en el asiento vacío de mi lado, trataba de ser lo más educada posible considerando las circunstancias. Sentía que mi paciencia se agotaba en cada hora.
Miré las actualizaciones de mi siguiente vuelo, también estaba retrasado, pero me estaba asustando que tal vez no alcanzaramos a llegar. La idea de pasar la noche en el aeropuerto con mis dos niños tratando de buscar un vuelo para seguir el viaje empezó a rondar mi mente.
Llamé a mi mamá para avisarle la situación y que tal vez llegaría un poco más tarde a su casa. Recé en silencio para poder llegar a su casa y no tener que devolverme. Para que todo saliera bien. El siguiente vuelo que teníamos que hacer era corto pero esto nos estaba llevando demasiado tiempo.
Estaba destruida, empecé a llorar mientras mi hija hablaba con su abuela diciéndole que la vería a la noche tan entusiasmada. Esto me lleva a la lección número 2.
2. Mantén la calma. Mientras nos bajabamos del avión, una representante de la aerolínea nos dijo que tendríamos un descuento en el hotel, pero como el retraso se debía a un problema climático no podrían compensarnos. Genial.
Había un montón de personas tratando de reagendar sus vuelos. Vi el counter de la aerolínea y caminé derecho hacia el con mis dos niños, estaba agotada y estaba dispuesta a enfrentar al que se me pusiera enfrente. No podríamos marcharnos hasta el siguiente día en la tarde.
A mi derecha vi otra mamá con dos niños tratando de hacer lo mismo que yo. Tenía los ojos claramente hinchados de tanto llorar y la voz se le quebraba. Me dio mucha pena pero mantuve la calma, tratando de pensar que hacer después.
Escuché que los otros pasajeros decían que los hoteles más cercanos estaban llenos con tanto vuelo retrasado.
Mientras esperabamos, me puse a pensar en un plan de acción, dejé que mi hija caminara cerca mío. Estaba facinada con la cinta trasnportador y la deje treparse. Nos subimos juntas pero se tropezó, aunque no se lastimo. La puse de pie y le pregunté si estaba bien, lo estaba, pero rompió en llanto.
No le pedí que parara, si necesita llorar en general la dejo, además habíamos tenido un largo día, era normal que estuviera mañosa. Honestamente yo también quería llorar y que alguien me abrazara. Así que la deje que soltara su llanto y mientras puse al día a mi familia. Unos minutos mas tarde se me acerco la representante de la aerolinea para preguntarme si estaba bien. “Si, ella esta bien”
“Ok porque parece que usted la está ignorando” me dijo regañandome.
“Disculpeme, pero es mi hija, y la conozco bastante mejor que usted”
Unos minutos mas tardes mi hija se volvió a caer, esta vez nos ayudó un señor muy amable. Lo que me lleva a la tercera lección.
3. Aceptar ayuda.
Nuestro superhéroe fue el tío de mi marido. Que trabaja en el aeropuerto y nos llevo a dormir a su casa. Creí que podriamos encontrar un hotel pero acepté su generosidad. Y acepté la generosidad de los extraños del aeropuerto que me ayudaron con las maletas y a vigilar a mi hija dos veces en el baño y a bajarnos del avión, etc.
Los aeropuertos tienen coches extra para casos como este y los use hasta que nos vinieron a buscar.
Por suerte al día siguiente todo salió bien no hubo retrasos ni sorpresas. Después de sobrevivir esto puedo sobrevivir cualquier cosa.






