Me encantaría poder decir que siempre he sido una madre tranquila con una increíble habilidad para poner todo en su justa perspectiva.
Pero la verdad es que soy preocupada y siempre he estado celosa de esa gente que puede simplemente hacer caso omiso de ciertas cosas, sobre todo cuando era una mamá primeriza.
¿Despierta toda la noche por una guagua que lloró y que no estaba hambriento/mojado/solo/dentando? *bostezo* Una taza extra de café por favor. ¿Jalea desparramada en los muros y cortinas? No es tan terrible, se lava. ¿Herida en la rodilla? Parche curita, analgesico y un beso, esta todo en orden. Así es como reacciono en esas situaciones.
¡Se debe estar muriendo! ¡Gastamos tanto en esas cortinas y ahora están arruinadas!
Después de el parto me obsesioné con el desarrollo del bebé. Casi tuve un colapso nervioso después que nos encontramos con unos amigos en la iglesia y su hijo de nueve meses corría por el lobby mientras que mi hijita apenas gateaba.
Cuando eran niños, sostenía la respiración cada que vez que pasaban cerca de un peldaño inestable, cerca de las esquinas de las mesitas de café, o de las superficies irregulares. Cuando eran preescolares me preocupaba su desempeño académico. ¿En serio, cómo fue que con cada niño de tres años que me cruzaba estaba leyendo a Shakespeare mientras que la mía luchaba por sentarse con las piernas cruzadas cuando se lo ordenaban?
Cuando entraron a Kinder me volví un poco loca con sus habilidades sociales. ¿Se sentirían incluidos? ¿Harían amigos facilmente? Mirando hacia atrás ojala alguien me hubiera enseñado el no tan popular método CTFD. ¿Les suena familiar? CTFD viene del inglés Calm the fuck down, era exactamente lo que necesitaba hacer.
Claro que no se si en ese momento tenía la habilidad para hacerlo. Solo ahora en retrospectiva, puedo ver el patrón de las cosas, para la mayoría hubiera funcionado. Naturalmente mi enemigo en todo esto era la internet. Para cada síntoma había un diagnostico terrible. Para cada comida había la posibilidad de una enfermedad gravísima. Para cada factor ambiental al que los expusiera había la conexión con algo malo. Y ni siquiera importaba si podía fundamentar la información con estudios académicos. Todo lo que tenía que hacer era postear una pregunta en línea y recibía unas 20 respuestas del tipo “podría ser *agregue algo terrorífico aquí*” en cuestión de minutos de otras mamás alarmistas. ¿Sobrecarga de información? Creo que sí.
Seamos honestos aquí. Hasta los más relajados papás se preocupan. Es imposible no hacerlo porque nos importan tanto. Tal vez ellos son mejores decidiendo qué cosas valen la pena la energía.
Las buenas noticias son que a medida que mis hijos crecen soy capaz de aplicar el CTFD más rápido. El único consejo que puedo darles es ser decisivo en cuanto a con qué alarmarse. La situación es tan mala como para tener que tomar medidas (consultar a un profesional/hacer un cambio) o no lo es. Tomando el control terminas con el círculo sin fin de “que pasaría si” y puedes realmente empezar a CTFD.







