Ha algunas semanas atrás, la línea aérea US airways bajó a una mujer de uno de sus vuelos porque sus hijos eran unos niños llorones.
Dejando a un lado el hecho de que la compañía debió haber estado preparada para los pequeños niños antes del vuelo, y no poner a la cuidadora en esta desagradable situación y hacerla cambiar de asientos con poca o ninguna ayuda.
Y sin considerar la pregunta que le hacemos a US Airways frente a su afirmación de que el avión estaba siendo retenido porque estos niños no paraban de llorar. ¿Qué tipo de amenaza puede representar un par de niños llorando?
Estamos hablando de niños llorando.
He llorado un par de veces en aviones. Una entre los brazos de hombre peludos en un vuelo de 11 horas desde Estambul hacia Toronto. Una vez sentada al lado de dos hermanos de Texas que se turnaban para escupir tabaco mascado en una lata compartida de Dr. Pepper.
Y probablemente cuando era guagua también lloré. Y también lo hiciste tu. También lloraste en la tienda de la esquina. Creeme, esas cosas pasan, los bebés lloran. Mi hijo mayor lloraba incluso cada vez que veía la sillita para el auto. Dejó de llorar cuando fue lo suficientemente grande para quejarse durante todo el camino.
Porque mi hijo, tu y yo somos humanos. Y cuando somos pequeños, sin el talento literario que crea desde las disertaciones de un PhD hasta la letra de las canciones de Adele, todos lloramos. Porque es lo mejor que sabemos hacer en ese período de nuestras vidas.
Una respuesta saludable en el 2013 a un bebé que llora en un avión, en 3 simples pasos.
1. Empatía por un pequeño ser humano. Cuando oigo o veo un bebé o niño triste, mi primera respuesta es sentir empatía por él o ella. Ser una guagua es difícil. Sin palabras ni otra forma de expresarse, los pequeños solo tienen un encendido y apagado. El mismo volumen para decir “Oye me acabas de cortar la uña del pie con ese cortauñas” que para decir “sabes, podrías desabrigarme un poco. Estoy un poco acalorado”
Este niño no agendó el vuelo. No fue parte del proceso de toma de decisiones que ahora lo tiene en un avión siendo cargado por un padre malhumorado que esta volando por el mundo para oir lo flaca que está su hermana, o lo asombroso que es el trabajo de su primo en Wall Street. Su mamá en general es una persona amable (quien es esta señora ultra cafeinizada en tacos).
Si no eres capaz de empatizar con un niño llorando, con los oídos tapados por el despegue, atrapado en una silla de auto, rodeado por adultos malhumorados y deshidratados en un avión, estoy seguro que el medio ambiente, el bienestar animal y los niños con hambre en el mundo son cosas que también te tomas en forma muy personal.
2.Empatía por la cuidadora. Nadie nunca quiso que mis hijos se callaran más que yo. Nunca. No es el sueño de nadie andar con dos niños, un bolso lleno de comida para niños, bebidas, pañales de bebé, dinero y probablemente tampones. Nadie cuerdo quiere que un niño no duerma toda la noche durante un vuelo, y les prometo, nadie lo desea más que sus padres. Lo último que alguien puede hacer es ignorarla. Lo mínimo es mostrar un poco de humanidad y sonreir, decirle algo agradable, preguntarle si necesita ayuda. Una vez un señor que estaba sentado frente a mi y mi pequeño hijo se ofreció a bajarnos el coche al final del vuelo – y no les miento, le habría dado un riñón en agradecimiento a ese señor.
3. Estar feliz de que no te pase a ti. Cuando veo a niños pequeños llorando o quejándose, o solo siendo niños, cuando veo a quienes los cuidan sacar pañales de esos bolsos llenos y partir las uvas tiernamente por la mitad, ¿saben cómo me siento? Feliz. Feliz de que no sea mi responsabilidad. No tengo que preocuparme de la lactancia materna ni lidiar con los ojos juiciosos de las personas que han decidido que es problema de ellos donde uno alimenta a sus hijos. No tengo que encontrar, preparar ni dar una mamadera, ni lidiar con las otras personas las que decidieron que eso también es su problema. No tengo que sacar dulces a escondidas de mi cartera ni de contrabando para no ser juzgada por gente que nunca malcrió a sus hijos. No tengo que gritar, gruñir, chasquear los dedos ni golpear a nadie. Cosas que pasan. Y hacen que muestre mi peor cara de madre (sin siquiera hablar de la terapia a futuro por esto). Feliz que puedo disfrutar mi vuelo, la comida (si, hasta la comida) y las películas de adultas por completo.
En un mundo donde pensamos que nuestra propia comodidad es tan importante como para ser desagradables con un niño y que los padres tengan que pelear por eso estamos perdidos. No me interesa cuanto haya pagado por su ticket (y por cierto si pudo pagar primera clase seguro pudo pagar por unos audifonos y bloquear el ruido). No me interesa como el niño fue un inconveniente en su día mientras hacía la fila por un café. Estamos hablando de un pequeño niño humano. Y se supone que seas un adulto humano. Actúa como tal.






