A principios del verano empecé a sentirme como la Regañona Jefe de la casa.
Estaba constantemente retando a mi hijo de tres años para que guardara los juegos para bebés , para que me dijera cuando tenia que usar el baño de alguna forma y para que hablara.
A mi hijo de seis años tenía que retarlo para que recogiera su ropa y los Legos (esos malvados Legos hacen daño si los pisas), para que leyera, y para que dejara de robarse mi iPhone.
Y a mi marido tenía que regañarlo para que ayudara a levantar la mesa después de cenar, sacara la basura, y pusiera sus condenados calcetines el el canasto de la ropa sucia.
Déjenme decirles que me carga ser la regañona de la casa. Lo hago pésimo. Voy desde preguntar educadamente hasta la furia lunática en una misma frase. Me aborrezco como la regañona. Más que nadie en esta casa quiero que mis retos paren (y puedo decirles que esto lo dicen mucho mis hijos que están bastante cansados también)
Si hay alguien en mi familia que sabía iba a tener un truco bajo la manga para esto, es mi madrastra, Jan. Fue maestra de preescolar por unas cuantas décadas y se casó con mi papá (que digamos es de la “vieja escuela” en lo que se refiere a ayudar en la casa). La he observado con asombro a lo largo de los años y ella es capaz de manejarlos a todos – desde mi papá hasta los pequeños niños – para que hagan lo que se supone deben hacer sin gritar ni incitar rabietas.
La llamé desesperada y le rogué que me contara su secreto.
Ella respondió mi pregunta con otra pregunta, “¿Cuál es la mejor forma de convencer a alguien de algo?” Sentí que el silencio se apoderó por un momento. Luego dudé y respondí “¿darle las herramientas para que saque sus propias conclusiones?” “Exacto” Dijo ella. “¡Y el mejor método para que ellos consistentemente saquen sus propias conclusiones …son las preguntas!”
Entonces me explico como usar estas preguntas para que eliminaran efectivamente la necesidad de regañar. Por ejemplo:
A la hora de dormir
P: ¿Qué hora es? R: ¡Hora de dormir!
P: ¿Y qué hacemos antes de ponernos el pijama? R: ¡Nos lavamos los dientes!
P: ¿Y a donde va toda nuestra ropa sucia? R: ¡Al canasto de la ropa sucia!
Después de jugar
P: ¡Qué hacemos con ______ cuando terminamos de jugar con él? R: ¡Lo guardamos!
P: ¿Qué le decimos a ____ por invitarte a jugar? R: ¡Gracias!
Para el entrenamiento de dejar pañales y aprender a usar un baño
P: ¿Dónde hacemos pipi y caca? R: ¡En el baño! o ¡en la pelela!
P: ¿Cuándo usamos la pelela? R: Cuando queremos hacer pipi o caca
P: ¿Qué hacemos cuando nos dan ganas de hacer pipi o caca? R: Le decimos de inmediato a la mamá
Lo probé incrédula. Y funcionó. En cada situación que lo probé – incluyendo a mi marido. Hice una pregunta. Y sus respuestas dirigieron sus siguientes movimientos. Ellos están felices porque ahora se sienten en control – ellos eligen qué hacer.
Baje los brazos, esta es la mejor técnica como madre/esposa que puse en práctica en mi vida. y se las recomiendo.







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[...] la ropa que dejan botada toda la vida – y después regañandolos o usando los trucos de la mamá …