He descubierto que el embarazo después de perder un bebé está plagado de incertidumbre.
Hasta cierto punto podría asegurar que la mayoría de las mujeres embarazadas que han sufrido la pérdida de un embarazo – ya sea que no se haya implantado el huevo, o un aborto espontáneo o en períodos más avanzados – experimentan alguna sensación de ansiedad en los embarazos siguientes.
Todavía siento náuseas, todavía debo seguir embarazada, me digo todos los días.
Aguanto la respiración cada vez que voy al baño esperando que no hayan líneas rojas en el papel.
He escuchado los latidos en tres ocasiones, y aún no me convenzo que todo estará bien porque aprendí dolorosamente que no hay garantías en la vida.
Aún cuando ya entre a la “zona segura” del segundo trimestre, estoy muy consciente de que los abortos pueden ocurrir en cualquier momento del embarazo. Algo puede salir mal en cualquier momento. Incluso después de nueve meses de normalidad podría trágicamente nacer muerto.
No estaba tan paranoica en mi primer embarazo con mi hijo. De hecho, era dichosamente inocente acerca de la prevalencia de pérdidas durante el embarazo y nunca pensé que podría pasarme a mi. No sabía que 1 de cada 5 embarazos no llegan a término.
Soy saludable. Como sano. No fumo ni bebo alcohol. Soy joven e invencible.
Y aún así me ocurrió a mi.
Descubrí que estaba embarazada en Enero de este año, y empecé a sangrar en Febrero. Cuando llamé al ginecólogo experto en obstetricia trató de darme esperanzas señalando que algunas mujeres presentaban un sangrado similar al de su período aún estando embarazadas y tenían hijos perfectamente sanos.
Pero yo sabía que algo no estaba bien. Un viaje a la sala de emergencias para un ultrasonidos y un exámen de sangre confirmó la pérdida.
Para volver al punto – había sufrido un aborto. Y me podría pasar de nuevo.
Gracias a este persistente pensamiento que está siempre en mi cabeza, me cuesta emocionarme con todo esto del embarazo. No me he permitido encariñarme con él aún porque podrían quitármelo sin advertencia.
Sigo esperando poder relajarme finalmente un poco cuando empiece a sentir los movimientos del bebé. Estas simples patadas sirviéndome como un recordatorio constante de que todo va a salir bien puede que ayuden a mi mente a calmarse. Pero puede que no.
Se que no soy la única persona que alguna vez se ha sentido así después de una pérdida, estoy segura que solo es más difícil porque han sido múltiples pérdidas.